Segunda Sección: Estudios e Investigaciones

 

 

DOI: http://dx.doi.org/10.11600/1692715x.1511629032016

 

Niñez y adultez. Diálogos frente a tensiones familiares, laborales y del cuidado*

 

Childhood and adulthood. Dialogues about tensions in the areas of family, work and care

 

Infância e fase adulta. Diálogos diante a tensões familiares, laborais e do cuidado

 

 

Pamela Caro1, Mahia Saracostti2, Ana Kinkead3, María O. Grau4

 

1 Investigadora Universidad Santo Tomás, Chile. Asistente Social, Pontificia Universidad Católica Chile. Magíster en Ciencias Sociales Ilades. Doctora en Estudios Americanos, Idea/Usach. Correo electrónico: pamelacaro1@santotomas.cl

2 Académica Universidad La Frontera, Chile. Trabajadora Social y Máster en Administración, Pontificia Universidad Católica Chile. PhD en Social Welfare, City University of New York. Correo electrónico: msaracos@uc.cl

3 Investigadora Universidad Autónoma de Chile, Chile. Psicóloga, Universidad de Panamá. Magíster en Psicología Clínica, Pontificia Universidad Católica Chile. Doctora (C) en Psicología, Universidad de Santiago de Chile. Correo electrónico: akinkead@uautonoma.cl

4Académica Universidad Central de Chile, Chile. Trabajadora Social, Pontificia Universidad Católica Chile. Magíster en Investigación Participativa y Desarrollo Local y Gobierno y Administración Pública. Doctora en Ciencias Políticas, Universidad Complutense Madrid. Correo electrónico: maria.grau@ucentral.cl

 

 

Artículo recibido en marzo 29 de 2016; artículo aceptado en junio 17 de 2016 (Eds.)

 


Resumen (descriptivo):

En este artículo comparamos percepciones de niños y niñas de Chile con sus madres, respecto a tensiones y estrategias de articulación trabajo y familia. Realizamos un análisis situado en la trama de relaciones entre sujetos, y abordamos hallazgos emergentes de la interpretación de entrevistas a niños y niñas y adultas, estableciendo una comparación entre perspectivas en torno a tensiones, cuidado, tiempo y bienestar. Los resultados muestran que existe una percepción generalizada, y que el trabajo tensiona más a las madres que a los padres, debido a una carga de trabajo global mayor. Las madres reconocen que el principal equilibrio a alcanzar es cumplir adecuadamente ambas funciones. Los niños y las niñas tienen posiciones menos conservadoras que las que reflejan los estereotipos adultos.

Palabras clave: Infancia, familia, cambio social, madre trabajadora (Tesauro de Ciencias Sociales de la Unesco).

 


Abstract (descriptive):

This article analyses a range of perceptions of Chilean children compared to those of their mothers regarding tensions and strategies to articulate family life and work. An analysis is conducted based on the structure of the relationship between subjects. This study addresses the emerging findings from interviews with children and adults, establishing a comparison of the perspectives regarding tension, care, time and well-being. The results show that there is a widespread perception among children and their mothers that having a job causes more stress for mothers than fathers, because they have an increased overall workload. Mothers recognized that the main balance to achieve is to fulfil both roles adequately. For these perspectives, children have less conservative positions in comparison to those reflected in adults’ stereotypes.

Key words: Children, family, social interaction, worker woman (Unesco Social Sciences Thesaurus).

 


Resumo (descritivo):

Este artigo compara percepções de crianças chilenas com suas mães, com relação às tensões e estratégias de articulação do trabalho e da família. Uma análise é realizada sobre a estrutura de relações entre sujeitos e aborda descobertas emergentes da interpretação de entrevistas com crianças e adultas, estabelecendo uma comparação entre perspectivas sobre tensões, cuidado, tempo e bem-estar. Os resultados mostram a existência duma percepção generalizada, que o trabalho produz maior tensão nas mães do que nos pais, porque elas possuem maior carga de trabalho global. As mães reconhecem que o principal equilíbrio que se pode atingir é cumprir adequadamente as duas funções. As crianças têm posições menos conservadoras que as que refletem os estereótipos adultos.

Palavras-chave: Infância, família, mudança social, mulher que trabalha (Thesaurus de Ciências Sociais da Unesco).

 


 

1. Introducción

 

Hay muchos debates sobre tensiones, familia y trabajo en la literatura académica y en discusiones sobre políticas públicas. Sin embargo, la perspectiva de niños y niñas sigue ausente de la producción investigativa, y más en el intento de ponerlos en diálogo con visiones adultas. En la investigación base de este artículo, nos propusimos comparar percepciones de niños y niñas de Chile, sobre la articulación familia-trabajo en relación con sus madres, adaptando una metodología de investigación validada en Estados Unidos1, poniendo en discusión ambas miradas. La intención fue dar voz en su calidad de sujetos de derecho a actores que habitualmente están relegados al lugar de objeto.

El tema abordado es de alta relevancia social y científica, pues su problematización resulta contingente para el análisis y las recomendaciones elaboradas por las ciencias sociales para intervenciones y políticas públicas, en ámbitos de la infancia tales como los vinculados al papel de las mujeres en el trabajo. El enriquecimiento desde la perspectiva de los niños y las niñas, permite ser coherentes con la protección del derecho a ser escuchados que estipula la Convención Internacional de los Derechos de la Niñez y la Adolescencia.

La tensión familia y trabajo es relevante, puesto que, desde los años 90, la participación femenina en el mercado laboral se ha incrementado en Latinoamérica, llegando en 2013 al 54% (Instituto Nacional de Estadística- INE, 2015). Sin embargo, la diferencia en las tasas de participación entre hombres y mujeres en Chile -alrededor de 23%, 2015-, sigue siendo relevante. Así, en el país 59% de los ocupados son hombres y 41% son mujeres. Las tasas de desempleo femenino tienden a ubicarse sobre el nivel nacional (Observatorio Laboral de Chile, 2016), lo que indica la pervivencia de brechas de género en el acceso al trabajo remunerado, así como en la calidad del empleo -mujeres reciben en promedio 30% menos que los ingresos masculinos- (INE, 2015); las trabajadoras presentan mayor prevalencia de distrés elevado o muy elevado (37%), muy por encima de los hombres (29%). Las razones que esgrimen las trabajadoras son principalmente el trabajo remunerado (40%), seguido de la combinación trabajo remunerado y el doméstico (28%) (Ansoleaga & Toro, 2012). También se observa segregación, visualizándose mayor diferencia en sectores como construcción y minería -87 y 85% a favor de los hombres- y servicios sociales -42% en favor de las mujeres- (Observatorio Laboral de Chile, 2016). Informes del INE indican que en el año 2012, una cuarta parte de las familias tienen jefatura femenina (Núñez, 2015).

En el artículo abordaremos hallazgos de entrevistas a niños, niñas y mujeres adultas, estableciendo un contraste de perspectivas - afinidades y diferencias- en torno a: significados del valor del trabajo productivo; tensiones generadas por el trabajo en las familias; valoraciones del tiempo y bienestar familiar; y estrategias domésticas y de cuidado.

Los aspectos teóricos que desarrollaremos refieren a tensiones entre familia y trabajo, considerando cuidado, tiempo y bienestar social; perspectiva de género; y diálogo entre perspectivas adultas y de la niñez.

 

2. Metodología

Presentamos resultados cualitativos de una investigación de mayor envergadura en la que empleamos una metodología mixta -triangulación de datos cuantitativos y cualitativos-. Los individuos participantes del estudio fueron niños y niñas con al menos un padre o madre laboralmente activo fuera del hogar, que cursaran séptimo u octavo básico en escuelas municipales, que provinieran de tres ciudades chilenas -Talca, Temuco y San Miguel- y, finalmente, que hubiesen respondido la Encuesta Ask the Children, versión adaptada en Chile. Adicionalmente participaron madres y/o abuelas de los niños y las niñas, pudiendo ser trabajadoras remuneradas o no, de distintos tipos de hogares -monoparentales o biparentales-. Mediante un muestreo intencionado (Ruiz, 2003), seleccionamos 24 niños y niñas de entre 12 y 14 años y sus respectivas madres.

Realizamos entrevistas en profundidad con una pauta validada por los propios niños y niñas mediante grupos de discusión, profesionales expertos y el equipo de investigadoras. Estructuramos la entrevista en cinco ejes: familia, trabajo, tiempo, tensiones y proyecciones futuras. Complementamos estas entrevistas con la construcción de relatos de rutinas familiares, utilizando formas de uso de tiempo (horarios diarios), semanal cotidiano (lunes a viernes) y extra cotidiano (fines de semana, vacaciones, feriados).

Basamos los análisis en la Teoría Fundamentada Empíricamente (Strauss & Corbin, 1998), desarrollando los niveles para la construcción de una teoría interpretativa: codificación abierta -descripciones que caracterizan y dan forma a una categoría-; codificación axial -relación entre temas-, e interpretación -codificación selectiva-. Ordenamos los hallazgos mediante comparaciones sucesivas de datos por su constante aparición o porque sobre dicho eje temático había un ordenamiento de otros subtemas que le dan sentido y atingencia a lo observado en un contexto más amplio.

 

3. Reflexiones teóricas

Familia y trabajo han sido considerados dos ámbitos que requieren integrarse en una sociedad que transcurre escindiéndolos (Aylwin & Solar, 2002). La relación histórica ha sido de incompatibilidad, trayendo interferencia de roles, pues ambos exigen tiempo y dedicación. Sólo recientemente se ha extendido el análisis con problemáticas más amplias, como la equidad de género y la protección de los derechos de la infancia (Gómez-Urrutia & Jiménez-Figueroa, 2015).

La consideración de la perspectiva de género como marco contextual y explicativo resulta clave para el análisis de dichas tensiones, incluyendo el uso del tiempo. El género como categoría analítica y fuerza causal contrapuesta a la idea de esencia, recusa cualquier explicación apoyada en el determinismo biológico sobre los comportamientos de hombres y mujeres (Soares, 2012). Esto permite explicar la desigualdad entre los sexos, comprendiendo el origen sociocultural de la subordinación femenina (Lamas, 2006) y el orden patriarcal, expresados en las familias, en los trabajos y en el cruce de ambos.

Por su parte, la noción de cuidado se ha vuelto clave para el análisis e investigación con perspectiva de género (Batthyány, 2015). Las transformaciones del siglo XX reforzaron en las mujeres, especialmente en las de la región, un sincretismo de género: cuidar a otras personas de manera tradicional y, a la vez, lograr desarrollo para formar parte del mundo moderno mediante la incorporación al mercado laboral (Acosta, 2015, Lagarde, 2004). Surgen interrogantes en torno a quién cuidará, la existencia, acceso y seguridad de alternativas domiciliarias y/o extra domiciliarias. La división sexual del trabajo y expectativas de género basada en un sistema estructural de desigualdades (Arriagada, 2013) ha dado como resultado mujeres tradicionales- modernas, atrapadas en una relación inequitativa entre cuidar y desarrollarse, pues la cultura patriarcal sigue imponiendo la obligación real y simbólica del cuidado exclusivamente a las mujeres (Lagarde, 2004).

El cuestionamiento al supuesto de disponibilidad constante derivada de la emancipación femenina, es la antesala a la llamada "crisis del cuidado" (Rico, 2009).

El cuidado tiene un carácter multidimensional, pues no solo involucra lo material, sino lo cognitivo, lo relacional y lo emocional (Arriagada & Todaro, 2012). Al mismo tiempo debe ser reconocido como un derecho universal, irrenunciable y no sujeto a concesiones, cuestión que implicaría un importante avance en la dirección de garantizar la igualdad material entre mujeres y varones, y entre niños y niñas (Pautasi, 2010).

Investigaciones latinoamericanas sobre infancia y género develan que las tensiones familia-trabajo se manifiestan en la crianza (Peñaranda, 2011). El estrés en el trabajo conduce a interacciones hostiles dentro del núcleo familiar (Gómez-Urrutia & Jiménez-Figueroa, 2015), pudiendo expresarse en violencia, maltrato, desconfianza y desencuentro vincular entre sujetos adultos, especialmente madres y niños o niñas; no se logra reconocerlos en su subjetividad (Bedoya & Giraldo, 2011). Dichas tensiones se agudizan en familias de bajos ingresos o con niños y niñas con necesidades especiales, con consecuencias perjudiciales en su desarrollo (Martínez & García, 2011).

Los últimos 40 años han atestiguado profundas mutaciones de prácticas, mentalidades e instituciones que definen las relaciones de parentesco, fortaleciendo el eje de la filiación frente al eje de la pareja (Godelier, 2004, en Valdés & Godoy, 2008) y otorgando un nuevo status a la infancia, que contribuye a comprender las transformaciones de la familia y la parentalidad. Si bien la tasa de natalidad desciende, el significado del "hijo o hija" sube (Beck, 1998). La emergencia "retórica" del niño o niña sujeto disuelve la antigua asociación del genitor en el patrón tradicional, valorizando el lazo afectivo (Valdés & Godoy, 2008, Touraine, 1997). Paradojalmente, la proximidad afectiva con relación al hijo o hija obstaculiza la individualización, especialmente de las mujeres (Beck, 1998), pues los niños y las niñas cuestan tiempo, trabajo y dinero, y sus contingencias interfieren la planificación de la vida. Las mujeres experimentan desventajas de género cotidianas, por la mayor carga global de trabajo. Por ejemplo, como resultado tienden a una mayor "pobreza de tiempo" (Kabeer, 2012) y compatibilizan trabajo y familia en "doble jornada" o "segundo turno" a expensas de su tiempo personal (Moreno, 2003). La cuestión social del tiempo ha llegado a ser considerada uno de los tres principios esenciales para lograr equidad de género y bienestar social (Fraser, 1997), así como el quiebre de la visión dicotómica mujeres/cuidado y hombres/ participación pública. Implica cuestionar la duración de las jornadas laborales y los tiempos de la oferta de servicios tales como transporte, educación o salud.

Todo lo anterior refleja la vulnerabilidad en la que se encuentran las mujeres frente a la crianza, el cuidado y la socialización infantil, situación que se acentúa en la condición de pobreza y jefatura de hogar. Dichas desventajas ponen en riesgo social a los niños y las niñas y se realzan debido a la cultura patriarcal predominante (De León-Torres, 2014). En las dinámicas intra-extra familia, roles e identidades de género no están disponibles para ambos sexos en igualdad, habiendo una diferenciación entre lo que deben aprender, como habilidades y desempeños adultos, "compatibles" con su sexo, presentados como basados en características innatas. De este modo, la infancia puede ser el palco de un proceso de aprendizaje cultural de los papeles asignados a cada sexo, llevando a una diferenciación entre niños y niñas, contribuyendo con la consolidación de estereotipos que se perpetúan tanto en las prácticas familiares como en el entorno más amplio (Soares, 2012).

3.1. El giro hacia el diálogo entre perspectivas: niñez y adultez

Etimológicamente infante alude al que no habla; posteriormente se pasó a que "aunque hablen, aún no razonan bien", y aparecen a lo largo de la historia -social y del derecho- nociones para diferenciar un antes y un después, como el uso de razón, el discernimiento, la responsabilidad, la madurez, la capacidad, la competencia y la imputabilidad. Desde allí, las políticas de infancia nunca han sido prioritarias, pues tarde o temprano los niños y las niñas llegarán a ser sujetos adultos (Casas, 2006).

Al reconceptualizar la infancia, se la reconoce como una categoría social construida cultural e históricamente de la modernidad avanzada (Pavez, 2012), la que le confiere un nuevo sentimiento (Ariès, 1987, Gélis, 1994) que define formas y características de relaciones intergrupales e intergeneracionales (De la Rosa, 2011). La progresiva visibilización de la infancia, al convertirse en un hecho social de importancia en la sociedad moderna, activó debates en torno a esta categoría social (Unda & Llanos, 2014).

Las representaciones sociales sobre infancia constituyen un conjunto de saberes cotidianos implícitos resistentes al cambio, y tienen cuerpo de realidad psicosocial, ya que no sólo existen en las mentes, sino que generan procesos -interrelaciones- que se imponen y condicionan a los niños y las niñas, limitando la posibilidad de experiencias o perspectivas de análisis. En la historia hay períodos en que han dominado ideas positivas de la infancia, y otras negativas (Casas, 2006), asociadas con desvalorización y control.

El actual enfoque del "protagonismo infantil" (Cussianovich, 2006) promueve dejar de mirar a los niños y las niñas como propiedad de los adultos, elemento peligroso como futuro privatizado de derechos, entendiendo "protagonismo" como participación y actoría.

En los estudios han primado perspectivas adultocéntricas tradicionales e invisibilizadoras, donde los niños y las niñas han sentido sus creencias y representaciones como lógicas y evidentes (Casas, 2006). Resulta necesario entonces, realizar un acto de justicia epistemológica que mire la historia desde sus ojos, desde quienes como sujetos han sido categoría marginal, así como han sido poco estudiadas sus tensiones e identidades (Rojas, 2010, Salazar & Pinto, 2002). Se ha discutido en torno a ellos como objeto de sospecha (Salazar & Pinto, 2002).

La interacción de la infancia con la sociedad adulta depende del estatus concedido a los primeros. En el diálogo intergeneracional todos y todas deberían tener la posibilidad de ser escuchados, considerando que la participación debe ser tratada y contemplada como diferente a la de la persona adulta (Castillo, 2007, De la Rosa, 2011), entendiendo que son actores de su individualización, puesto que es él o ella misma quien da sentido y coherencia a sus experiencias (Gómez-Mendoza & Alzate-Piedrahíta, 2014), y su voz se convierte en un referente obligado que aporta a la propia subjetivación de sus experiencias (Bedoya & Giraldo, 2011).

Diferentes estudios han comparado visiones, haciendo hincapié en el tipo de relación que mantienen desde la parento-filial en personas adultas hasta la propia relación que tienen entre sí, desde la perspectiva infantil, en su simetría o asimetría (Pizzo et al., 2012). Dado que los sujetos serán espejo y representación de lo que socialmente se ha erigido, nos parece importante en este estudio mirar la trama de relaciones.

 

5. Resultados

Presentamos los hallazgos haciendo dialogar perspectivas en torno a tópicos que emergieron con mayor relevancia en las entrevistas: significados del valor del trabajo productivo; tensiones generadas por el trabajo en las familias; valoraciones del tiempo y bienestar familiar; y estrategias domésticas y de cuidado.

5.1. La visión de la niñez y la adultez acerca del valor del trabajo productivo

En términos generales, el trabajo productivo de padres y madres es valorado por los niños y las niñas, no viéndolo sólo como sacrificio, sino también como "libertad". Sin embargo, preferirían que trabajaran sólo hasta el término de sus jornadas escolares, dado que en la actualidad se extienden más allá de dicho horario.

Los tipos de trabajo a los que acceden padres y madres son de obreros y obreras, o empleados y empleadas en los sectores de servicios, industria manufacturera, comercio, minería y agricultura. Cuando el trabajo es dependiente, corresponden a empleos que realizan fuera de sus hogares -oficinas, fábricas, otras casas-, e implican el desarrollo de acciones materiales más que intelectuales. En general, no contemplan el traslado al domicilio de quehaceres pendientes. Las fronteras del trabajo, en el caso de empleos poco especializados y que no requieren estudios superiores -vendedora, empleada doméstica, mesera, guardia-, son más rígidas entre familia- trabajo.

Para los niños y las niñas, uno de los principales atributos del trabajo remunerado -especialmente femenino-, es la capacidad de generar ingreso. De allí que se comprenda la perspectiva pragmática observada particularmente en niñas en relación con el trabajo de sus madres, al valorarlo como una herramienta para acceder a satisfactores de necesidades básicas, o bien como un medio para adquirir artículos de consumo, en su mayoría tecnológicos. El contrapunto es la disconformidad frente a jornadas laborales no tradicionales, planteándose contrarias a empleos que impliquen trabajar en turnos de noche -p. e. mesera en un bar-, pues dejan de estar 100% "dispuestas" a sus necesidades.

Otros niños, por su parte, relatan experiencias positivas de organización del tiempo adulto masculino en el trabajo, que logra resultados favorables para el ejercicio armónico de roles parentales, especialmente en el plano del esparcimiento. Hay opiniones favorables hacia el sistema de turno alternado -día, noche y tarde- de los padres -guardia-, pues los días en que están en casa pueden compartir actividades recreativas. Es inusual que destinen tiempo de descanso al trabajo doméstico, a diferencia de las mujeres trabajadoras. En el caso de las adultas existen referencias positivas y negativas al trabajo productivo. En lo positivo, al igual que los niños y las niñas, valoran la capacidad adquisitiva que genera el trabajo, y la libertad para comprar productos personales, ganando autonomía. También reconocen que la provisión conjunta en familias biparentales mejora su estándar de vida. Las mujeres que se desempeñan en espacios laborales no tradicionales, lo que es poco frecuente en las entrevistadas -industria automotriz-, señalan tener consolidada una identidad personal en torno al trabajo.

El aspecto negativo de la visión adulta del trabajo productivo está en la rigidez de las jornadas laborales que chocan con los también rígidos horarios escolares, impidiendo su presencia en actividades escolares importantes. "Una vez estuve un mes sin trabajo, me di un tiempo para descansar... No sirvo para dueña de casa... Siempre estoy presente con los chiquillos... ojalá fuera más, lo veo cuando eran chicos, muchas veces me perdí de cosas, cuando nos citaban para el día de la mamá, yo no podía estar por el trabajo, siempre hacían las actividades en la mañana" (adulta 13).

5.2. Tensiones generadas por el trabajo en las dinámicas familiares

En todas las entrevistas, los hogares uniparentales son dirigidos por mujeres que asumen la jefatura del hogar. Frente a disoluciones de pareja, ellas se quedan con el cuidado personal y tuición de los hijos y las hijas.

Los niños y las niñas perciben que el trabajo tensiona más a las madres que a los padres, situación que se agudiza en hogares jefaturados por mujeres, lo que es consistente con estudios previos (De León-Torres, 2014). Algunos niños y niñas plantean que sus madres son explícitas en declarar que la maternidad es un obstáculo para su desarrollo de carrera, resintiendo la imagen materna, la relación filio-parental, e incluso generando violencia materna (Bedoya & Giraldo, 2011), traducida en "castigos, enojos o retos excesivos".

En situaciones de separación conyugal, en general, la madre aparece como figura de control y disciplina, y el padre como representación de diversión. De allí que se comprenda las visiones dicotómicas respecto a lo que significa "estar" o "pasar tiempo" con la madre, esto es, compartir rutina diaria y trabajo doméstico; y con el padre se traduce en salir los fines de semana. Es decir, se configuran lugares polares entre madre- deber y padre-placer.

Sin embargo, también hay relatos complejos de niños afectados por la distancia paterna, por la implicación masculina en el trabajo, pues ni siquiera donan tiempo para hablar por teléfono con ellos. La tensión en mujeres que deben llevar trabajo productivo para las casas genera una actitud desafiante, especialmente en niños de hogares uniparentales, lo que se refleja en amenazas de dejar de vivir con ellas e irse con sus padres, expectativa que no siempre es factible. Las niñas comparten dicha visión. El trabajo de las madres es percibido como fuente de conflicto y tensión emocional que se interna en las dinámicas domésticas. Aunque vivan con ellas, son vistas en su ausencia, interferidas por el trabajo, permanentemente cansadas y alteradas. Frente al lugar de los padres de hogares uniparentales, prima la situación de padres lejanos afectiva y materialmente. Desde un análisis de género, se revela que para las mujeres se acentúan las tensiones a partir de la cambiante relación entre el mundo laboral y la dinámica familiar (Goldsmith, 2007), con la diversificación en la composición familiar y en el género de quien asume la jefatura del hogar. La sobrecarga de trabajo en las mujeres, especialmente jefas de hogares, las mantiene en situaciones de estrés, implicando deterioro psíquico y físico, impactando su salud y calidad de vida. La presencia del conflicto en las mujeres -insatisfacción laboral y estrés parental- ocurre en menor grado en los varones

Los niños y las niñas que se muestran comprensivos con sus madres, no quisieran tener experiencias personales con el trabajo asociado con "amargura y pesadez", como lo ven vinculado con la experiencia femenina. La aspiración infantil es a tener un trabajo "más liviano" y dinámico, que no implique estar muchas horas en una misma función, ni jornadas largas y traslados excesivos, para estar tiempo con sus hijos e hijas.

En diálogo con la visión de la niñez, mujeres de hogares monoparentales y nucleares reconocen las tensiones que emergen de las incompatibilidades y desequilibrios entre las demandas familiares y laborales.

En el caso de las jefas de hogar, junto con manifestar una sobrecarga global de trabajo -suma de horas productivas y reproductivas- que reduce tiempos de descanso, la mayor tensión se asocia a la resolución del cuidado infantil mientras se encuentran trabajando fuera del hogar. Frente a la precariedad de soluciones institucionalizadas, resulta crucial el apoyo de otras mujeres, como sus propias madres. Reconocen "traer problemas del trabajo a la casa", especialmente cuando se trata de situaciones emocionales, afectando el clima familiar. Sus tensiones están en el sentimiento de culpa e inseguridad respecto a la calidad del cumplimiento de sus diversos roles.

Otro testimonio evidencia que el costo femenino de la sobrecarga laboral y familiar recae en la reducción de tiempos de sueño para cumplir apropiadamente ambas demandas. La investidura de proveedora familiar exclusiva, junto con las tensiones que produce la reducción de tiempo familiar generado por la dedicación combinada a tareas productivas y reproductivas, genera un perfil de autoridad de carácter directivo. Los niños y las niñas reconocen las condiciones para la producción de conflictos derivadas de trabajo de sus madres, evitando exponerse a ellas. En familias nucleares, las mujeres también asumen en mayor proporción que los hombres, roles de dirección y control en la crianza, basados en el miedo a la autoridad materna más que en el respeto. Las demandas de cuidado de hijos e hijas menores de 12 años, junto con la escasez de políticas públicas y redes familiares, gatilla que la inserción femenina al trabajo esté supeditada a los tiempos laborales de la pareja: p. e. las jornadas excepcionales masculinas facilitan su incorporación al trabajo. Se dan situaciones de activa presencia masculina en el ejercicio del rol paterno afectivo, adicional a la provisión económica, confirmando la disolución de la antigua asociación del papel paterno del patrón de virilidad tradicional (Valdés & Godoy, 2008).

Una barrera estructural declarada por las mujeres que precariza las condiciones laborales y exacerba la tensión con las responsabilidades familiares, está en la precariedad del transporte y en los largos tiempos de traslado, especialmente en las grandes urbes. El escenario laboral actual es más complejo, por los horarios poco amigables para las familias, además del reparto desigual del trabajo no remunerado entre hombres y mujeres (Saracostti, 2007).

La situación económica deficiente también constituye un factor de tensión personal y bajo autocuidado para madres trabajadoras, especialmente jefas de hogar.

Esto se condice con estudios previos que reflejan que el conflicto familia-trabajo puede agudizarse cuando existe baja remuneración familiar (Martínez & García, 2011).

5.3. Valoraciones del tiempo y bienestar familiar

En familias biparentales donde ambos trabajan, las hijas reconocen que pasan más tiempo con sus madres, porque tienen jornadas más cortas y un trabajo supeditado a la función materna de cuidado, alineada con el mandato de género.

El gran "enemigo" del equilibrio personal para las madres se asocia al escaso tiempo libre disponible: desean tener más como si fuera un recurso elástico y una visión ingenua respecto a ganarle a su paso persistente y contínuo. La tensión que presentan las familias desde la mirada de las madres, genera una alta valoración al descanso físico durante los fines de semana, más que a la recreación innovadora.

Las actividades de esparcimiento y bienestar familiar que realizan se reducen a la realización de tareas domésticas o bien actividades comunes de baja espectacularidad.

La relación tensionada entre familia- trabajo se muestra contradictoria frente al deseo de dedicar más tiempo a sus hijos e hijas, pero al mismo tiempo plantean que un día "ideal" es aquel en que están solas. Dado el bajo equilibrio entre estos ámbitos y la demanda que recae sobre ellas, el bienestar femenino pasaría por tener más tiempo para sí.

El deseo extremo de dicho tiempo se materializa en la posibilidad de contar con un "tiempo vacío" o "hacer nada". El bienestar intrafamiliar en la relación niños y niñas con padre y madre se asocia al uso del tiempo. Los primeros reportan que "estar" tiempo con su padre y su madre posibilita la generación de confianzas, observándose diferencias de género. Se visualizan complicidades y "entrega de secretos" de niños o niñas con su padre y su madre, en un contexto en el que se comparte la vida cotidiana con la madre.

En contraste con lo planteado, en hogares con ausencia parental las madres creen establecer fuertes relaciones de confianza con sus hijos e hijas, independientemente del sexo. Para las niñas, el mayor tiempo compartido con las madres genera más confianza y esperanza de apoyo frente a problemas personales que enfrentan en su edad infantil o adolescente. En hogares biparentales las adultas también plantean que son ellas las que acogen con mayor sensibilidad los problemas que expresan sus hijas, más que los padres. La mayor cercanía entre hijas y madres e hijos y padres podría estar asociada con la etapa del ciclo de vida.

5.4 Estrategias domésticas y de cuidado

Aun cuando hay preeminencia de una distribución tradicional de roles domésticos y de cuidado entre padres y madres, los niños y las niñas tienen claridad en que ambos cumplen, en determinados momentos de la rutina, funciones imprescindibles para la mantención del orden familiar. Sin embargo, desde un análisis de género, está más naturalizada la doble carga en las madres que en los padres, advirtiendo mayor "cansancio" paterno, especialmente si el trabajo remunerado es realizado bajo sistema de turnos, mostrándose más colaborativos con ellos que con las madres.

Los niños no perciben el trabajo productivo parental como un obstáculo para la vida familiar, especialmente cuando las madres tienen jornadas parciales que coincidan con sus horarios escolares. Eso sí, valoran que los tiempos productivos no "compitan" con los tiempos del cuidado.

Llama la atención la conciencia en aportar desde sus lugares a la mantención de las economías domésticas, no generando demandas de gastos sino más bien aportando con el ahorro.

Discursos adultos son coincidentes respecto al nivel de conciencia que existe en los niños y las niñas de cuidar el presupuesto familiar, especialmente cuando existe jefatura femenina y un solo ingreso. En familias uniparentales, sin presencia paterna afectiva y donación de tiempo, el cuidado después del horario escolar se resuelve a través del apoyo familiar femenino, o bien el autocuidado. En el primer caso son principalmente las abuelas -familia extensa- las que asumen esta función. Opera la "sociedad de bienestar" (De Sousa, 1998) que, frente al vaciamiento del Estado -ausencia de soluciones públicas para el cuidado- soporta las demandas cotidianas frente a mercados laborales altamente desregulados y flexibles, en sociedades como las latinoamericanas.

Frente a la situación de cuidarse entre hermanos -menores de 13 años-, las estrategias maternas han hecho uso de las redes sociales virtuales como mecanismos de comunicación directa y rápida, para realizar una suerte de cuidado virtual, a distancia.

 

6. Conclusiones

El estudio nos ha permitido visibilizar perspectivas de niños y niñas de Chile considerándolos como sujetos de conocimiento social, y contrastarlas con visiones adultas. La limitación fue acceder solamente a entrevistas con madres y no padres, dado que el contexto de realización fueron las escuelas, espacios de tránsito casi exclusivamente femenino y baja circulación masculina.

Entre las personas menores existen diferentes representaciones acerca del alcance del trabajo remunerado en sus madres. Hay quienes observan una baja tensión, pues señalan que éstas sortean con plasticidad el ejercicio de roles productivos y reproductivos, especialmente las trabajadoras informales independientes de hogares biparentales, quienes priorizan la ejecución laboral en horarios escolares para no hacer competir la realización de actividades remuneradas con responsabilidades familiares. Sin embargo, esta visión no necesariamente cuestiona el carácter androcéntrico de la cultura, pues se mantienen expectativas tradicionales en torno a lo femenino, satelizando el trabajo de las madres a las exigencias familiares. En concreto, acogen la idea de que sus madres trabajen fuera del hogar, siempre que ello no interfiera con la realización de funciones domésticas y de cuidado; planteamiento que no se tiene frente al trabajo productivo de los padres.

Otros sostienen que el trabajo productivo de las madres sí tensiona las relaciones intrafamiliares. Describen a sus madres muy implicadas en el trabajo, cansadas e irritables, especialmente las jefas de hogares monoparentales. Dado que ellas conforman figuras más activas y presentes de autoridad que los padres, el roce, especialmente con los hijos e hijas, reduce la confianza y se establecen relaciones materno-filiales friccionadas. Incluso algunos niños, de hogares uniparentales, amenazan a sus madres si se mantiene el estrés relacional con irse a la casa de sus padres.

Niños y niñas valoran el trabajo remunerado tanto de madres como de padres, privilegiando la dimensión racional pragmática, pues reconocen los beneficios del ingreso y la adquisición de bienes que mejoran la calidad de vida familiar. Además, coinciden en que el trabajo remunerado tensiona individualmente más a las madres que a los padres. La explicación está en la matriz de género tradicional, por la mayor carga de trabajo global, pues en ellas persiste la concentración de funciones domésticas que no necesariamente se reparten entre otros miembros de la familia, cuando acceden a un empleo. Particularmente, las jefas de hogar reconocen un relato culposo, también heredero del patrón patriarcal, tanto con sus hijos e hijas como con ellas mismas.

En este estudio se observa la siguiente paradoja: en general los niños y las niñas no reproducen de manera lineal posiciones estereotipadas de discursos adultocéntricos, reforzados por dispositivos culturales históricos; por ejemplo, no tienen una visión sancionadora con las madres que trabajan fuera del hogar, ni un discurso "nostálgico" del pasado de la familia patriarcal tradicional. Sin embargo, muestran una visión conservadora -especialmente los niños- frente a la compatibilización de roles, al comparar a las madres con los padres. Se muestran más comprensivos con el trabajo y los sistemas de organización de los tiempos paternos, y no cuestionan su baja implicación en la vida reproductiva, como sí lo hacen con las madres. Igualmente se muestran más colaborativos frente al cansancio masculino, no así frente al femenino, evidenciando que aún se encuentra naturalizada la mayor recarga de trabajo femenina.

Recoger estas visiones sobre imágenes parentales que han resultado no hegemónicas -de género-, con matices -niños más demandantes que niñas, más colaborativos con los padres y con tendencia a generar más fricciones con las madres-, aporta con diagnósticos situados sobre las tensiones familia, trabajo y cuidado. Dichas representaciones pueden orientar intervenciones pertinentes, en materia de políticas laborales y familiares e incluso en la legislación, como la reducción de las jornadas de trabajo.

Las implicancias y prospectiva para futuras investigaciones, derivarían de recoger visiones adultas masculinas e indagar en percepciones infantiles sobre las prestaciones públicas de bienestar familiar con igualdad de género. ¿Qué piensan niños y niñas de la intervención del Estado?

 


 

Notas

* Este artículo de investigación científica y tecnológica se basa en la investigación Fondecyt N°1130039 (la investigación inició15/03/2013-la investigación finalizó 15/03/2016): "Las tensiones entre familia y trabajo en las representaciones sociales de niños y niñas chilenos, desde un enfoque internacional a un estudio interpretativo. Aportes para la construcción de una política pública con enfoque de derechos de la infancia". IR Proyecto Fondecyt N°11140202 "Significados y experiencias de la niñez y vejez como polos vitales de cuidado en familias del medio rural del Valle de Aconcagua. Una lectura desde la perspectiva de género". Investigación descriptiva mixta, en Ciencias Sociales, Sociología y Estudios de la Familia.

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