Primera sección: teoría y metateoría

 

DOI: http://dx.doi.org/10.11600/1692715x.1510605022016

 

El self adolescente desde la perspectiva contextual: pobreza, viviendas sociales, apoyo parental y participación*

 

The adolescent self from a contextual framework: Poverty, public housing, parental support and participation

 

O self adolescente a partir da perspectiva contextual: Pobreza, residências sociais, apoio parental e participação

 

 

Carmen Silva1, M. Loreto Martínez–Guzmán2

 

1 Profesora. Universidad Alberto Hurtado, Chile. M. Psicóloga social–comunitaria. Magíster en psicología social–comunitaria (Pontificia Universidad Católica de Chile). Doctora © en psicología de la Pontificia Universidad Católica de Chile. Académica del Centro de Investigaciones Socioculturales –{Cisoc}–, Universidad Alberto Hurtado. Correo electrónico: casilvdr@uahurtado.cl

2 Profesora Pontificia Universidad Católica de Chile, Chile. Doctora en Psicología Social Comunitaria, Universidad de Maryland, E.E.U.U. Profesora Titular Pontificia Universidad Católica de Chile. Correo electrónico: mlmartig@uc.cl

 

 

Artículo recibido en febrero 5 de 2015; artículo aceptado en abril 4 de 2015 (Eds.)

 


Resumen (descriptivo):

La presente revisión de tema ofrece una reflexión descriptiva, desde una perspectiva contextual, sobre la manera probable en la que un contexto de pobreza y de viviendas sociales básicas afecta el self o identidad adolescente. Se piensa que la falta de oportunidades de canalización de intereses, segregación y estigmatización impactan negativamente en el nivel aspiracional, la amplitud de ámbitos de metas, y estrategias de logro de los y las adolescentes, según estándares socialmente hegemónicos ("mainstream"). La autorrepresentación de sí se verá afectada por la estigmatización socioespacial en caso de comparación con un exogrupo socialmente más prestigioso. Los efectos del barrio deficitario pueden ser moderados por prácticas parentales, y espacios de participación social tendientes a la construcción de identidad positiva. El tema es relevante para una teoría contextual del self y la acción de políticas públicas.

Palabras clave: Adolescente, identidad, self, viviendas sociales, apoyo parental (Thesaurus Word Reference.com).

 


Abstract (descriptive):

This topical review offers a descriptive reflection within a contextual framework in relation to the probable effects of poverty and public housing on the adolescent self and adolescent identity. The author hypothesizes that the lack of opportunities to channel the interests of adolescent youth, as well as the social segregation and stigmatization that they suffer from, have negative effects on their aspirations, goals and plans for realizing their aspirations in accordance with mainstream social standards. Self–representation will be affected by socio–spatial stigmatization in case of unfavorable comparisons with social groups that have higher status. The negative effects of living in a deficient neighborhood can be mitigated by parental practices and social participation spaces that contribute to the construction of positive identities. This topic is relevant as a contribution to contextual self theory and public policy.

Key words: Adolescence, self, identity, public housing, parental support (Thesaurus Word Reference.com).

 


Resumo (descritivo):

A presente revisão de tema oferece uma reflexão descritiva a partir de uma perspectiva contextual sobre a forma provável como um contexto de pobreza e de residências sociais básicas afeta o self ou identidade adolescente. Parte–se da hipótese de que a falta de oportunidades de canalização de interesses, segregação e da estigmatização social impactam negativamente as aspirações, prazos e âmbitos de metas, as estratégias de logros de aspirações do adolescentes, de açordo com o padrão hegemônico. A auto representação se verá afetada pela estigmatização socioespacial no caso de comparação com um grupo externo socialmente mais prestigioso. Os efeitos do bairro deficitário podem ser moderados pelas práticas dos pais, e pelos espaços de participação social tendendo a construção de uma identidade positiva. O tema é relevante para a teoria do self compreendido contextualmente, e para considerá–lo nas políticas sociais.

Palavras–chave: Adolescentes, self, identidade, residências sociais, apoio pais (Thesaurus Word Reference.com).

 


 

1. Introducción

 

El presente artículo tiene el propósito de ofrecer una reflexión sobre los efectos que la pobreza y una determinada política habitacional para sectores en desventaja social puede tener a nivel de desarrollo humano adolescente en una importante dimensión, que es su self o identidad, anidada también en un entorno familiar inmediato. Este tipo de "cruce" entre la política y el desarrollo adolescente no es habitual, y se inscribe en los enfoques de desarrollo humano contextual representados por los autores Bronfenbrenner y Morris (1998), Pinquart y Silbereisen (2004) y Shonkoff y Phillips, (2000). Conceptualmente, se trata de reflexionar sobre la relación entre una variable macro–sistémica políticoeconómica y una variable de nivel individual, moderada por microsistemas como el familiar parental, y espacios de participación social. Se postulará al respecto que este entorno de déficit urbano –habitacional y escasez significará un problema para el self de los y las adolescentes, que redundará en su nivel y tipo de aspiraciones para la vida, su autorrepresentación frente a la estigmatización, o el desarrollo de opciones contra–hegemónicas.

Esta reflexión es vista como teóricamente relevante, por aportar ideas sobre posibles relaciones en un fenómeno complejo no explorado en Chile, como lo es el self socioespacialmente situado. Y en términos prácticos, los pensamientos pueden contribuir con el diseño de políticas habitacionales y programas sociales para jóvenes y padres. Por esta razón se ha elegido, dentro de los factores microsistémicos, a los padres y a la participación social, dado que se puede operar más fácilmente sobre ellos en iniciativas de intervención social.

A continuación se expondrá una contextualización en relación a las políticas habitacionales de vivienda social básica, y posteriormente, una definición teórica del concepto de self comprendido en contexto, como base para las siguientes postulaciones de ideas conceptualmente sustentadas. En seguida se desarrollará la reflexión sobre las posibles implicancias de las características del contexto de pobreza y viviendas sociales para el self de los y las adolescentes residentes. Finalmente se meditará sobre el rol moderador que tanto los padres, como los espacios de participación social podrían jugar en la relación entre el barrio y la conformación del self de los y las adolescentes.

 

2. Contextualización: Enfoque de la reflexión, y políticas habitacionales de vivienda social

Desde una mirada evolutivo contextual, se entiende el desarrollo humano en estrecha imbricación con el contexto social, a diferentes niveles del sistema. Desde este enfoque (Bronfenbrenner & Morris, 1998, Pinquart & Silbereisen, 2004, Shonkoff & Phillips, 2000), se comprende el desarrollo humano en términos de una interacción entre múltiples niveles contextuales (e. g. macro económico político, cultural, socio–espacial) y procesos individuales y grupales, tales como procesos de desarrollo individual (e. g. transiciones de rol, identitarios, cognitivos), y grupales (e. g. dinámicas familiares, participación, etc.). En este marco, también los procesos identitarios o del sí mismo se entienden en estrecha imbricación con los contextos en los que se desarrollan.

Por lo tanto, fuerzas y acontecimientos a nivel de macro–sistema político y económico repercuten en las vidas de adolescentes y jóvenes, como lo demuestran estudios sobre la caída del muro de Berlín (Pinquart & Silbereisen, 2004).

Este artículo nace de una inquietud respecto de la interacción entre el macro–sistema de políticas públicas habitacionales de viviendas sociales llevadas a cabo con el retorno de la democracia en Chile en 1990, y el desarrollo del self de los y las adolescentes residentes de aquellos vecindarios, considerando también que microsistemas como la familia, y otros grupos, pueden moderar dichas relaciones.

Respecto de la política habitacional, en la década de los años noventa, los gobiernos democráticos liberales implementaron una de las políticas más importantes de la historia del país, a juzgar por la permanencia, duración, inversión y cantidad de viviendas construidas por más 15 años (Haramoto, Jadue & Tapia, 2002, Instituto de la Vivienda, Facultad de Arquitectura y Urbanismo, Universidad de Chile –{Invi}–, 2002).En ese tiempo se realizó una construcción masiva de viviendas anuales (en promedio 90.000), frente a un déficit de más de un millón de viviendas al término de la dictadura militar (Invi, 2002). Por ser ésta una política subordinada al mercado del suelo (Kaztman, 2001, Trivelli, 2009), gran parte de estas viviendas fue construida en suelos de más bajo precio, ubicados en la periferia de la ciudad. Ello generó, según Kaztman (2001), concentración de pobreza y segregación (homogeneidad en estrato socioeconómico). Este Programa de Viviendas Básicas estuvo orientado a familias de menores recursos, allegadas o arrendatarias.

La normativa original del programa habitacional data de 1984, y los sistemas de viviendas se caracterizan por sus residencias de un reducido tamaño y deficitaria calidad, grandes conjuntos de viviendas que albergan a más de 1000 familias, falta de equipamiento, servicios, y de espacios para la juventud (Invi, 2002).

Más específicamente, los sistemas consisten en casas nuevas sin terminaciones, con un baño, cocina, estar–comedor y dos dormitorios (tres en caso de tipología block), con una superficie de 38 a 42 metros cuadrados edificados (Invi, 2002). Según Haramoto et al. (2002), la superficie fue creciendo desde los 34,10 metros cuadrados hasta los 42 metros cuadrados en 1995. Además, éstas se fueron ampliando de manera irregular, muchas veces fuera de toda norma. A pesar de que los conjuntos cuentan con urbanización, sede social, áreas verdes y juegos infantiles (Haramoto et al., 2002, Invi, 2002) se precisa que la superficie destinada a equipamiento es inferior al 6% y las áreas verdes abarcan entre un 3% y un 11,6%. En general, las viviendas han sufrido un proceso de deterioro y desvalorización.

Las políticas anteriores al año 2006 trajeron como consecuencia una desintegración social en cuanto a presencia de extensos barrios de pobres en la periferia de la ciudad. La segregación ha profundizado la pobreza, dado la dificultad de acceder a trabajo, mejores escuelas, seguridad; y además, ha implicado problemas asociados a los guetos (Brain, Cubillos & Sabatini, 2007, Kaztman, 2001, Sabatini & Wormald, 2013) como crimen, droga, deserción escolar y estigmatización social. También se ha visto afectada la geografía de oportunidades. Investigaciones en vivienda han revelado que conjuntos que albergan a más de 400 familias empiezan a verse afectados en su administración operativa y en aspectos sociales como clima social, identidad y pertenencia al vecindario. Al respecto, sólo entre 1990 y 1995 los conjuntos han fluctuado entre las 10.377 y las 2.734 viviendas (Haramoto et al., 2002).

Las políticas habitacionales han generado contextos de desarrollo correspondientes a vecindarios de pobreza y segregación, cuyo impacto en el self se desconoce. Sin embargo, los antecedentes teóricos de self en contexto y las investigaciones sobre jóvenes en contextos de vecindarios de pobreza en general en varios países del mundo, ofrecen pistas para pensar en posibles afectaciones.

2.1 Self y contexto

Los conceptos de self e identidad refieren a un mismo fenómeno, que es el "si–mismo", el "quién soy yo", fenómeno que es abordado desde tradiciones y latitudes diferentes (el mundo anglosajón por un lado, y Europa continental, por otro). En este artículo se utiliza el concepto de self, ya que incluye explícitamente tanto el aspecto de la agencia del yo, como el de la autorrepresentación de atributos propios. Brandtsstadtädter (1999) plantea que el self es un locus de agencia personal que toma una postura activa para crear su propio desarrollo, realizando actividades para favorecerlo. éstas conllevan lo reflexivo, al ser guiadas por representaciones mentales de cómo somos, como podríamos o deberíamos llegar a ser, construyendo esquemas que comprenden atributos que nos describen en lo esencial. Los procesos autorreflexivos y de acción se imbrican mutuamente, y construyen el desarrollo de la persona. Estas representaciones están implicadas en el proceso de orientación a metas, es decir, la fijación de metas y selección de estrategias que hacen los y las adolescentes para lograrlas (Nurmi, 2004).

La fijación de metas se efectúa cotejando los propios intereses con las oportunidades de canalización institucionales (Nurmi, 2004), evaluando la accesibilidad existente en términos de condiciones de tiempo, oportunidades y apoyo social (Brunstein, Schultheiss & Maier, 1999), y sopesando las exigencias del entorno sociocultural (Cantor, 1994, citado en Brunstein et al., 1999). La fijación de metas incluye una representación de aquello que se quiere lograr (Brunstein, Dangelmayer & Schultheiss, 1996, citado en Brunstein et al., 1999), lo que implica un determinado nivel aspiracional, una perspectiva de plazos (Brunstein et al., 1999), y ámbitos o tipos (Little, 1983, Nurmi, 1991, ambos citados en Nurmi, 2004).

Las estrategias constituyen los planes de comportamiento y actividades para lograr las metas (Ford, 1987, citado en Brunstein et al., 1999), dentro de las cuales se pueden distinguir estrategias optimistas (luchar directamente por el éxito) (Cantor, 1990, citado en Nurmi, 2004), evitativas (Berglas & Jones, 1978, citado en Nurmi, 2004) y de desesperanza aprendida (Abramson, Seligman & Teasdale, 1978). En todas ellas juegan un rol importante las expectativas de logro.

El self también se ha definido en términos de construcción de una teoría personal sobre sí mismo, a partir de los grandes avances cognitivos que acontecen en la adolescencia como período de desarrollo. En este proceso son decisivas las opiniones de personas significativas del entorno, y los roles disponibles, en cuyo ejercicio se identifican atributos propios (Harter, 2008). Esta autorrepresentación no está desvinculada de la fijación de metas, sino que se imbrica con éstas, según Brandtstädter (1999).

Según Erikson (1979), la juventud es una etapa en la cual es central la configuración de una identidad personal (Erikson, 1979).

Por lo anterior, el self es uno de los dominios importantes del desarrollo psicológico en la etapa juvenil.

El self se desarrolla en interacción con el contexto (Brandtstädter, 1999, Harter, 1999 Nurmi, 2004), que provee recursos, presenta expectativas (Brandtstädter, 1999), y ofrece oportunidades de canalización de metas (Nurmi, 2004), por lo que su oferta es determinante.

2.2 Contexto de vecindario de pobreza, viviendas sociales y self

El vecindario es un contexto de vida que influye en los aspectos físicos, cognitivos y emocionales de las personas en desarrollo (Leventhal & Brooks–Gunn, 2000). Diversos estudios (Burton, 1997, Contreras, Corrales & Sandoval, 1996, Jarrett, 1999, Leventhal & Brooks–Gunn, 2000) han reportado un efecto negativo de los vecindarios de pobreza en distintos aspectos de las vidas de los y las jóvenes, como por ejemplo, existencia de una mayor presencia de conductas de riesgo. Existe, sin embargo, un vacío de conocimientos relativos a la influencia de las características del vecindario de pobreza en el self. La orientación a metas del self es un proceso clave para la integración social, por lo que la escasez de recursos del vecindario resulta preocupante.

En los ambientes residenciales de viviendas sociales descritos, que corresponden a vecindarios de pobreza, el self adolescente puede verse afectado de las maneras que se señalarán a continuación. Cabe acotar, que no se estará intentando señalar que no haya diversidad de resultados del desarrollo humano, sino que, las condiciones de desventaja del entorno hacen más probable la ocurrencia de estos fenómenos del self que se formularán en las siguientes líneas.

El proceso de orientación a metas del self. La escasez de recursos institucionales y oportunidades de canalización de un entorno de pobreza (Jarrett 1999) de viviendas sociales con déficit urbano– habitacional tendrá implicancias en términos de orientación a futuro. Siguiendo el planteamiento de Brunstein et al. (1999), en ésta se toma en cuenta el factor accesibilidad a opciones para construir su proyección, que puede redundar para un grupo importante de jóvenes en una aspiración menos elevada de metas acorde a estándares hegemónicos (e. g. ocupación de baja cualificación por evaluar negativamente la educación recibida y de difícil acceso la educación deseada). Es importante explicitar el estándar que sustenta la afirmación anterior, pues un o una joven puede considerar su nivel de aspiraciones como elevado de cara al nivel de expectativas de su entorno sociocultural inmediato (e.g. vecinos). No obstante, la aplicación del estándar hegemónico en la sociedad es pertinente en cuanto a que devela brechas originadas por desigualdades y exclusiones sociales.

A su vez, la carencia de espacios institucionales para explorar intereses y roles variados, para interactuar con otros y realizar actividades que nutren el propio self, puede reducir la amplitud de tipos de metas proyectadas para la vida (e. g. desestimar una meta cultural por falta de equipamiento y servicios de sede social, de lejanía de talleres de la municipalidad).

Por otra parte, la homogeneidad de la pobreza en territorios habitacionales socialmente segregados de viviendas sociales descrita por Sabatini, Salcedo, Gómez, Silva y Trebilcock (2013) puede afectar la variedad de modelos de rol de los vecinos adultos, (Kaztman & Retamoso, 2007), y la posibilidad de selección de ambientes de amigos, considerando los planteamientos de Bronfenbrenner y Morris (1998), con la consecuencia de limitar la visión de opciones diversas y de diferentes niveles de aspiraciones. Finalmente, la inseguridad experimentada por el tema de la violencia y drogas, podría afectar la movilidad física hacia las oportunidades disponibles.

La reducción de aspiraciones es reportada por Contreras et al. (1996), en jóvenes residentes de poblaciones pobres en la ciudad de Valparaíso, y por Soto y Sierralta (2013), en jóvenes residentes de viviendas sociales, quien encontró que las metas a futuro de los y las adolescentes apuntan principalmente a la educación técnica (y no universitaria).

Sin embargo, es necesario introducir otra perspectiva a la que ha sido señalada hasta aquí. La mirada sobre el self de los y las jóvenes desde los estándares hegemónicos puede, por un lado, develar injusticias sociales en relación a condiciones del entorno que afectan al self. Sin embargo, esta óptica también puede implicar la invisibilidad de los modos de afrontamiento desplegados por los y las jóvenes de cara a sus contextos desventajados. Dando realce a estos modos de afrontamiento, se plantea adicionalmente en la presente reflexión que, frente a la falta de oportunidades, un grupo de jóvenes optará por metas que se contrapongan a las expectativas de la sociedad hegemónica, y que otros enfrentarán también creativamente los obstáculos en búsqueda de movilidad social.

En los primeros, sus metas serían difíciles de calificar en términos de nivel de aspiraciones y riqueza de ámbitos, pero no hay evidencias para suponer que no lo sean dentro de estándares no hegemónicos. Esta posibilidad de tomar opciones en el ámbito de la educación, trabajo, reproducción, crimen, entre otros, que son socialmente contra–hegemónicas, es reportada en estudios socio–espaciales de Galster y Killen (1995) y, desde otros enfoques disciplinarios, es formulada y explicada por las teorías de la reproducción cultural. Estas opciones suelen no ser socialmente comprendidas en sus motivaciones y cogniciones (e. g. self), mas solo reprobadas desde una óptica normativa que no resuelve los problemas.

En cuanto a los segundos, en entornos de pobreza de viviendas sociales también se encuentran jóvenes que se proyectarán a futuro con el mismo nivel de aspiraciones que aquellos de sectores no desventajados socialmente, hecho explicable por herencias culturales familiares, étnicas, religiosas, variables individuales, entre otras. De ello da cuenta el estudio de Saraví (2004) de barrios de pobreza de Buenos Aires, que reporta que hay heterogeneidad en cuanto a jóvenes que adhieren a la "cultura de la calle"1 y jóvenes que se empeñan por seguir caminos tradicionales de movilidad e integración social.

Las estrategias. Las estrategias constituyen las maneras que las personas utilizan para lograr sus metas, que incluyen planes, acciones, comportamientos, selección de ambientes (Ford, 1987, citado en Brunstein et al., 1999), manejo del tiempo y recursos, relaciones interpersonales (Smith, 1999), entre otros. Cuando la persona enfrenta problemas para lograr sus propósitos, o situaciones estresantes o amenazantes, recurre a esfuerzos denominados estrategias de afrontamiento. El uso de estas estrategias depende de la percepción de la situación y de los recursos para enfrentarla, por un lado, y de las expectativas de logro o pensamientos de fracaso y/o de falta de control personal sobre la vida, por otro (Lazarus & Folkman, 1984). La conjugación de estos elementos deriva en estrategias ya sea de tipo optimista y de lucha por el éxito, o bien pesimista, evitativa y pasiva.

Se piensa que las condiciones de los ambientes residenciales de viviendas sociales básicas afectan el proceso de las estrategias de los y las jóvenes, y que es más probable que muchos y muchas recurran a estrategias menos optimistas en relación al logro de metas anheladas concordantes con la sociedad hegemónica. Esto, por la percepción de una situación de equipamiento insatisfactorio y escaso, de carencia de servicios, de lejanía de los lugares donde podrían recibir dichas atenciones, junto con la falta de recursos monetarios, lo que probablemente repercuta en una disminución de expectativas de logro, y consecuentemente, en estrategias más pasivas o evitativas. Estas estrategias, según Lazarus y Folkman (1984), se focalizan más en la emoción que en la resolución de problemas, resguardándose del perjuicio emocional derivado de fracasos. Respecto de la estrategia desesperanzada, Sabatini et al. (2013), señala que el aislamiento espacial de sectores habitacionales de viviendas sociales segregados contribuye con sentimientos de frustración y desesperanza.

Finalmente, cabe retomar el tema de los grupos de jóvenes cuyas metas no se ajustan a los estándares de la sociedad hegemónica y no dependen de sus recursos e instituciones, pero que representan intereses juveniles. No hay motivo teórico – empírico para pensar que éstos no desarrollen estrategias optimistas y efectivas. Más bien es probable que manejen en forma hábil situaciones, comportamientos, recursos y relaciones para alcanzar sus propósitos, ya que hay suficientes evidencias de producción cultural propia en barrios empobrecidos (ver Alpízar & Bernal, 2003, Duarte, 2000).

La autorrepresentación de sí mismo. ésta está asociada al desempeño de roles diferentes y contextos de relaciones en los cuales se realizan acciones, reciben opiniones, y establecen comparaciones sociales. A partir de ello, se construyen múltiples selfs ligados a diversos roles (Harter, 2008). A esta construcción se suma la identidad social, que es, según Tajfel y Turner (1979), aquella parte del auto–concepto que deriva de la pertenencia a una categoría o grupo social, fuertemente vinculada a procesos de comparación entre la propia categoría social de pertenencia y la categoría externa.

Tomando en cuenta estos antecedentes teóricos, se va a postular que en el marco de una misma categoría social de ambientes residenciales de viviendas sociales básicas segregadas, los y las adolescentes tendrán una auto–representación de sí mismos(as) probablemente positiva, derivada de sus roles y relaciones en espacios cotidianos (e. g. alumno(a), amigo(a), y patrones culturales de éxito compartidos. Ellos también tendrán atributos de identidad positiva al comparar favorablemente a su endogrupo (e. g. de amigos(as), vecinos de la misma calle) con un exogrupo del mismo entorno habitacional empobrecido. Saraví (2004) describe este fenómeno como una formación identitaria en "oposición" a otros que están considerados por los "unos" como peor, y Sabatini et al. (2013), como "microgeografías de la segregación".

Por otra parte, dentro de la lógica de los múltiples selfs, en el ejercicio de roles que impliquen comparación con otra categoría social de mayor prestigio social, probablemente se vea afectada su auto–representación, debido a su pertenencia a una categoría socio–territorial desvalorizada y estigmatizada.

Implicancias para políticas públicas. En el diseño de políticas habitacionales debería garantizarse la heterogeneidad socioeconómica de los barrios, ya que provee diversidad de modelos, opciones e interacciones, y evita la estigmatización social. También sería fundamental dotar a los barrios de viviendas sociales actuales con equipamiento y servicios de calidad para los y las jóvenes (e. g. colegios, deportes, cultura, parques, acceso a la naturaleza, sedes sociales), que se tradujeran en espacios diversos en los cuales explorar y canalizar intereses, ejercer roles que enriquecieran sus horizontes, e interactuar con adultos significativos o monitores que retroalimenten su identidad. Esto se podría efectuar enriqueciendo las políticas orientadas al mejoramiento de barrios deteriorados, actualmente existentes en Chile ("Quiero mi Barrio")2. Estos programas podrían incluir un componente juvenil con infraestructura y profesionales para implementar programas de educación musical, de artes visuales, de artes escénicas; ligas deportivas, programas preuniversitarios, programas de emprendimientos, entre otros. Un modelo adaptable podría ser el de las Escuelas de Rock en varias comunas de Santiago, que depende del gobierno y está conformado por una malla curricular, metodología de aprender–haciendo, relación cercana y legitimada del profesorado experto, normas y valores a seguir (Consejo Nacional de la Cultura y las Artes, s/f, Silva & Miranda, 1997). Estos programas constituirían espacios de oportunidad para canalizar metas del self. En caso de creación de nuevas viviendas sociales, sería importante incluir este aspecto desde una coordinación gubernamental intersectorial, articulando condiciones habitacionales, distancia, y servicios públicos para la juventud, y dotándolos con el personal adecuado.

2.3 Padres y Participación Social como Factores Moderadores

A nivel de microsistema, se analizará a continuación la importancia de los padres y de la participación social. La importancia de los padres en el self. Según Nurmi (2004), los padres juegan un papel importante en la orientación a metas de sus hijos e hijas. Resumiendo algunos aspectos rescatados por este autor en una revisión de la literatura, en el desarrollo del self son sustanciales las expectativas de futuro sobre los hijos e hijas, la positividad de las interacciones familiares, el aconsejar, el involucramiento en las actividades de los hijos e hijas, la capacidad de resolver problemas y planear. Resulta favorable el estilo parental autoritativo (combina exigencias con autonomía y apoyo; un marco claro y espacio para "negociar"), el apoyo parental y apego seguro (Nurmi, 2004). Finalmente, los padres inciden en la autorrepresentación mediante sus opiniones (Harter, 2008).

Estos antecedentes dan sustento teórico a la hipótesis del presente artículo que afirma que las prácticas de los padres pueden moderar los efectos negativos de los contextos de déficit urbano habitacional de viviendas sociales en el self de los y las adolescentes.

Pero antes de fundamentar esta hipótesis, hay que hacerse cargo de las investigaciones que indican diferencias en competencias parentales por niveles socio–económicos, sobre lo cual hay evidencias internacionales. Un extenso metaanálisis de Bradley y Corwyn (2002) resume que padres de nivel socioeconómico (NSE) alto enfatizan habilidades verbales, y otorgan apoyo mediante estrategias (tareas, actividades, herramientas) de aprendizaje flexibles y ajustadas a las necesidades del hijo o hija, que permiten su avance hacia el logro de metas más complejas ("scaffolding"). En cambio, padres de NSE bajo compran menos materiales de lectura y aprendizaje, llevan al hijo o hija menos a eventos culturales y educativos, y regulan menos la cantidad de tiempo televisivo. También el estrés experimentado por estos padres afecta negativamente el estilo parental.

Aunque en éste y otros estudios (Rodríguez, Rodríguez, Saborido & Salas, 2008, Weatherholt, Harris, Burns, & Clement, 2006, citado en Orozco–Hormaza, Sánchez–Ríos, & Cerchiaro–Ceballos, 2012) se ha asociado el nivel socioeconómico familiar bajo a un menor desarrollo de los hijos e hijas, existen reportes que, haciendo la distinción entre NSE y prácticas parentales, han identificado prácticas positivas para el desarrollo de niños, niñas y jóvenes en el NSE bajo. Esta diferencia es relevante para políticas e intervenciones sociales tendientes a potenciar recursos familiares.

Estudios etnográficos en barrios afroamericanos de pobreza (Burton, 1997, Burton & Jarrett, 2000) describieron prácticas positivas como monitoreo de sus hijos e hijas adolescentes en relación a los lugares que frecuentan, búsqueda de oportunidades en redes familiares extensas y programas institucionales, entre otras. A su vez, un estudio de Orozco– Hormaza et al. (2012, p. 438) en sectores urbanos pobres, encontró que "el nivel de pobreza de la familia o estatus socioeconómico, como dimensión aislada, no está relacionado con el nivel de desarrollo cognitivo de los niños". Contextos de interacción familiar caracterizados por un nivel de pobreza menos intenso, prácticas de protección y cuidado, regulación del comportamiento, formación y entretenimiento altas, se relacionan con un buen desarrollo cognitivo de los hijos e hijas.

Por su parte, Roa (2013) narró los procesos del self en jóvenes de familias tareferas (cosechadoras de yerba mate), que residen en barrios periurbanos en el noreste de Argentina. En su estudio distinguió dos grupos de jóvenes: quienes no se identificaban como tareferos, efectuando solo temporalmente aquella labor de cosecha estigmatizada, y quienes sí terminaban haciéndolo, sufriendo la estigmatización y el dolor corporal del trabajo. Aquellos y aquellas jóvenes del primer grupo, cuyo self se objetivó en identificaciones vinculadas con proyecciones a futuro en la escuela, los pares y ocupaciones ligadas con lo urbano, habían recibido el apoyo de sus padres y madres para continuar con sus estudios. La siguiente cita textual refleja este apoyo parental:

Sergio: En mi caso mi papá me dijo que yo nunca piense en tarefear, sino que yo piense en estudiar y seguir una carrera para que en el día de mañana yo no tenga que sufrir y pasar todo lo que él pasó (Roa, 2013, p. 182).

Un estudio de Herrera, Salinas y Valenzuela (2011) sobre familia, pobreza y bienestar en Chile ofrece antecedentes sobre la relación entre la estructura familiar, el rendimiento escolar y conductas de riesgo en familias en situación de pobreza, incluyendo también un indicador de involucramiento parental. Dicho involucramiento, en términos de compromiso, dedicación, atención y supervisión, modera el impacto negativo de la estructura familiar uniparental y recompuesta en dicha situación de pobreza sobre las conductas de riesgo, reduciéndolo.

El tema de la estructura familiar uniparental y recompuesta requiere mayor investigación, sin embargo. Es importante considerar la realidad de la diversidad familiar actual y sus formas emergentes en todos los contextos, como la recomposición familiar, la monoparentalidad por elección, y la formación tardía de las familias, estudiadas por Sanz et al. (2013), desconociéndose si significan más, o menos apoyo y consejos para los y las jóvenes, mayores, o menores modelos de rol que estimulen estrategias para salir adelante, entre otros. Responder a estas y otras preguntas constituiría un aporte teórico y práctico para la progresiva construcción de una cultura con orientaciones y soportes para la parentalidad en las emergentes conformaciones familiares.

Sintetizando, los antecedentes presentados permiten sostener en buena medida la hipótesis de la existencia de prácticas parentales positivas en contextos de viviendas sociales.

Implicancias para políticas públicas. Los antecedentes son sugerentes para el diseño de programas orientados a los padres que refuercen varios puntos: prácticas de habilidades verbales, aprendizaje de "scaffolding", estilos parentales con monitoreo y responsividad y, salidas culturales con sus hijos e hijas. Con contenidos asentados en estos temas, y técnicas pedagógicas de educación popular3, se podrían elaborar programas orientados a padres, adaptando un modelo similar al que existió hace décadas en Chile, llamado PPH –Programa Padres e Hijos, destinado a padres con hijos e hijas preescolares (ver Cerri, 1990). Para ello sería imprescindible brindar también a estos padres apoyo externo, que les posibilite efectuar dichas prácticas, reduzca el estrés, y entregue medios (e. g. materiales, transporte) correspondientes.

La participación social y el self. Según la Séptima Encuesta Nacional de Juventud (Instituto Nacional de la Juventud –{Injuv}–, 2013), el 45% de las y los jóvenes ha participado en los últimos 12 meses en alguna organización, siendo el club deportivo el tipo más frecuente (20%), sobre todo, en niveles socioeconómicos bajos. Por otra parte, la opinión de residentes de viviendas sociales básicas es que los y las jóvenes se marginan de la participación en organizaciones, con su tendencia al consumo de drogas y a la delincuencia, y por falta de espacios para la juventud (Invi, 2002).

Esta baja participación se puede vincular con la falta, y/o, el poco atractivo y anclaje cultural del equipamiento y servicios deportivos, culturales y recreativos de los barrios de viviendas sociales, y el retiro de la política del trabajo inserto en la población (como era antes de la dictadura militar), transformándose en política electoral, según señala Garretón (1993, citado en Silva & Silva, 2010). Las organizaciones sociales territoriales y funcionales existentes en entornos de viviendas sociales se componen preferentemente por adultos (Invi, 2002).

Pero la participación social y cívica de los y las jóvenes es potenciable en entornos de viviendas sociales, y puede implicar grandes beneficios para el desarrollo de su self. Estudios apuntan a que ésta amplía los ámbitos en los cuales los y las jóvenes experimentan identificaciones, construyendo identidad cívica (Kirshner, 2006), cultural– a través de sus relatos fundacionales, ritos, hitos, postulados filosóficos y éticos, incidiendo en las identidades personales– (Torres, 2006), o política, basada en motivos de cambio social (Díaz, Aguilera & Kolektivo LaIdeafija, 2009).

Si se toma el planteamiento de Harter (2008), la participación social implica un contexto de ejercicio de roles que pueden ser desafiantes y estimuladores de la creatividad y habilidades, tornándose en fuente de reconocimiento de atributos propios (e. g. la creación de una obra de teatro en ayuda de una familia víctima de incendio de su vivienda, la destreza para relacionarse con agentes municipales). Asimismo, el contexto de relaciones con otros proporciona nuevas fuentes de retroalimentación. Esto último se puede ilustrar con la intervención de la fundación Fútbol Más, que trabaja con niños, niñas y adolescentes en contextos de vulnerabilidad biopsicosocial de viviendas sociales. Si bien la intervención está basada en el fútbol y promueve diversos valores, también fomenta explícitamente en niños, niñas y adolescentes la capacidad de valorar a sus pares y monitores, escuchar las opiniones de los demás y tolerar las diferencias. Los monitores proveen amplia retroalimentación positiva tanto verbal como mediante diferentes dispositivos (e. g. "tarjetas verdes") ante cualidades manifestadas por los participantes en actividades adecuadas a sus capacidades (Fútbol Más, 2015).

Frente a la estigmatización social que recae sobre los y las jóvenes residentes de estos ambientes, la participación puede revertir sus efectos. Recurriendo a la teoría de la identidad social de Tajfel y Turner (1979), algunas modalidades pueden consistir en la introducción de estándares de comparación con otros barrios (otras categorías sociales) en los que los y las jóvenes como parte de la categoría de su barrio se destaquen positivamente (e. g. organización solidaria activa, capacidad deportiva en encuentros amistosos, eventos artísticoculturales en fechas celebradas en la población, murales embellecedores y simbólicos), la consideración de la heterogeneidad y recursos existentes al interior de su barrio en vez de homogeneidad de características estigmatizadas (identificar variabilidad intragrupal) (e. g. destacar figuras y grupos positivos de la población). Otro recurso puede ser la presencia de monitores pertenecientes a diferentes grupos o categorías sociales, tanto iguales, como distintos de los y las jóvenes, es decir, pertenecientes tanto al barrio como a barrios externos, que así contrarresten la percepción de juicio negativo del mundo externo, y permitan el contacto entre miembros de diferentes grupos, hecho que aminora los prejuicios. Por otra parte, la participación social favorece un aprendizaje estratégico de comportamientos orientados a objetivos deseados. Por ejemplo, Fútbol Más promueve la acción estratégica grupal para lograr metas, el trabajo conjunto para lograr objetivos, y el ajuste del propio comportamiento para poder realizar las actividades (Fútbol Más, 2015).

En cuanto al nivel de aspiraciones y riqueza de metas de futuro de los y las jóvenes, juegan un papel relevante los monitores. Esto, en tanto trasmitan expectativas más elevadas en base a la confianza en los y las jóvenes, exigencias de comportamientos que favorezcan la movilidad social, y por otro lado, su involucramiento implique apoyo y modelo de rol. Pero también los objetivos de las organizaciones pueden ayudar a los y las jóvenes a descubrir nuevos intereses y proyecciones a futuro (e. g. como trabajador(a) social, como gestionador(a) de eventos artísticos, como actor político, como educador(a) de párvulos, como emprendimiento propio, entre tantos).

 

3. Conclusiones

El presente trabajo pretende estimular el pensamiento sobre lo que puede significar para el desarrollo evolutivo adolescente, el vivir en contextos físico y socio espaciales de viviendas sociales, en la interacción de este nivel contextual con niveles proximales familiares y de participación social.

Esto, para lograr una comprensión más profunda del desarrollo de los y las adolescentes en estos contextos de pobreza, que informe el diseño de políticas de apoyo orientados tanto a los y las adolescentes, como a sus padres, y a otros "settings" o espacios de interacción/acción que enriquezcan su proceso de desarrollo en entornos de escasez. Se recomienda especialmente (1) impulsar la heterogeneidad de los barrios para proveer una diversidad de modelos de rol e interacciones posibles con pares y adultos y, superar la exclusión y estigmatización; (2) dotar dichos entornos con equipamiento, servicios y programas de calidad que permitan a la juventud canalizar sus intereses, explorar roles, relaciones e identificaciones y, autovalorarse (3) implementar programas para padres que refuercen sus habilidades comunicativas, su "scaffolding", monitoreo del desarrollo de sus hijos e hijas, apoyo oportuno, ofrecimiento de oportunidades culturales para sus hijos e hijas y, sus expectativas de futuro positivas en relación a sus jóvenes.

Una mayor comprensión del desarrollo de los y las jóvenes contextualmente situado en entornos empobrecidos podría evitar visualizar las opciones de éstos desde la óptica de la responsabilidad individual, que considera poco las multi–causalidades de las trayectorias, con una consiguiente dificultad para salir de la visión normativa y, podría fomentar el desarrollo de juventudes.

En síntesis, en este artículo se ha hecho hincapié en posibles efectos de las desventajas del contexto de pobreza de viviendas sociales para el self de los y las jóvenes que allí residen. La interacción de éstos con dicho contexto deviene más probablemente en una merma en términos de niveles de aspiraciones, riqueza de ámbitos de proyección personal y estrategias para el logro de metas, y afectación por la estigmatización, en relación a estándares de la sociedad hegemónica. Pero no es la única consecuencia posible, si se introduce la perspectiva de grupos de jóvenes diversos que no se intentan ajustar a dichas expectativas de la sociedad.

Al respecto es pertinente incluir la mirada conceptual de juventudes, que, siguiendo a Duarte (2000) concibe lo juvenil como una producción que se construye de acuerdo a un contexto y a un tiempo histórico, un espacio–tiempo social, y que por lo tanto es diversa, heterogénea, plural y dinámica. Considerando este enfoque, las metas, opciones y autorrepresentación de sí mismos formarán parte de diversas producciones culturales y contraculturales juveniles que intentan resolver la tensión entre ser como lo desean y ser según las expectativas desde la sociedad hegemónica (integración al mercado, al futuro rol de adulto, normas sociales), que en contextos de pobreza tampoco les proporciona los medios y canales acorde. Surgirán así en algunos grupos de jóvenes otro tipo de metas y opciones contrahegemónicas en el plano escolar, ocupacional, político, de sociabilidad, artístico–cultural, que se ligarán a auto–representaciones de sí mismos a la vez, y que tendrán sus propios estándares y niveles de aspiraciones, variedades y estrategias de logro.

También se ha postulado que la interacción de los y las jóvenes a nivel proximal de relaciones con los padres y mediante la participación social, podrá moderar las desventajas del barrio, toda vez que provee expectativas, roles, apoyos, prácticas, retroalimentación y motivos de identificación que significan un aporte para la construcción del self. Son espacios potenciables por políticas públicas y programas de intervención de diversos actores.

Finalmente, se agrega que en esta reflexión se intenta desnaturalizar los contextos residenciales creados por políticas públicas como contextos "dados", y subrayar que son fruto de diseños habitacionales sociales, que se sugiere que cambien en función de un mejor desarrollo de la vida juvenil y sus entornos proximales.

 


 

Notas:

* Este artículo de revisión de tema, área y sub–área psicología, forma parte del marco teórico del proyecto de tesis doctoral de la autora, denominado: El self adolescente en contexto de viviendas sociales: características, relaciones entre la satisfacción con el ambiente residencial y el self, y efectos moderadores de prácticas parentales y variables socio–comunitarias. Conicyt (Comisión Nacional de Investigación Científica y Tecnológica), número de folio 21110253. Fecha de inicio de la tesis: 1/03/2014, actualmente en curso. Se agradece el financiamiento vía beca de la Comisión Nacional de Investigación Científica y Tecnológica –{Conicyt}–, y del Centro de Estudios de Conflicto y Cohesión Social –{Coes}–.

1 Saraví (2004) resume de esta manera un conjunto de prácticas de jóvenes de barrios segregados en Buenos Aires, que incluyen normas y valores, prácticas y comportamientos diferentes y frecuentemente contrapuestas a las de la sociedad.

2 Es un programa participativo de recuperación física y social de barrios del Ministerio de Vivienda y Urbanismo de Chile (ver http://pdba.georgetown.edu/Security/citizensecurity/chile/politicas/QuieromiBarrio.pdf)

3 Basadas en Paulo Freire, educador y autor brasilero.

 


 

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